Granada 1922: el Concurso de Cante Jondo

En unos días se van a cumplir cien años del Concurso de Cante Jondo de 1922 celebrado en Granada. Sin lugar a dudas, no es exageración decir que este fue el acontecimiento con más transcendencia en el flamenco de todo el siglo XX.

Para entender las razones de los que lo idearon, promovieron y controlaron, debemos primero conocer quiénes fueron aquellas personas que le dieron la forma conocida, así como las razones que les llevaron a tomar la decisión de convocar este evento, para entonces, de magnitudes absolutamente inimaginables.

Los organizadores / Ideario

Allá por los años veinte, en la nunca suficientemente ponderada ciudad de Granada, un ilustre grupo de aficionados al flamenco pertenecientes al universo intelectual de las artes en general, compuesto este por músicos, pintores, escritores, poetas, escenógrafos, filósofos, periodistas, políticos, etc. Personas que se reunían con frecuencia en el Café Alameda de Granada, donde constituyeron la célebre Tertulia del Rinconcillo, al tiempo que seguramente, compartirían su afición con los cantaores locales de su época en la famosa Montillana o bien, en la taberna del Polinario, como pudieron ser Paquillo el del Gas, El Calabacino, Rafael Gálvez, Juan de la Cruz, Antonio Barrios (a) El Polinario, Picorreondo, Miguel Milena (a) Niño de Granada, amén de otros muchos flamencos, que por aquellos lares dejaban brotar los ruiseñores granaínos que, en su sonora exhibición, competían con los chorros de agua fresca que corren desde la Sierra Nevada hacia El Generalife y la Alhambra, y que los granaínos se deleitan bebiendo en la cantada Fuente del Avellano, donde, como dice la copla, nace “La flor de la canelita”.
Departían nuestros sesudos contertulios acerca de los malos tiempos por los que atravesaba el estilo Jondo. Disertaciones centradas en que lo Jondo era sinónimo de lo antiguo, auténtico y genuino andaluz. Por el contrario, lo flamenco era algo mezclado y por tanto contaminado con el cante que los profesionales hacían para poder llevar un plato de comida a sus hijos (malvados profesionales, que trabajan por dinero).

Quiero pensar que igualmente se debieron lamentar del poco espacio cualitativo que le iba quedando a lo español o castizo de la tierra, que se veía paulatinamente arrinconado por los géneros musicales forasteros, los cuales sobrados de frivolidad, exhibiciones de piel femenina, risas, bailes y diversión bohemia, se habían entronizado en los salones y salas de fiestas, sin darle cuartel ninguno a los cantaores del vilipendiado arte andaluz, los que de verdad chanelaban de esto; los artistas profesionales, los que crearon las soleares y las seguiriyas, pese a que por entonces, para los futuros jondistas, estos fueran la causa de todos los males de la contaminación flamenca con “inventos flamenquistas” tales como malagueñas, granaínas o fandangos.

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