Fallece un cabal: adiós a Miguel Camacho

La afición de Sevilla y el flamenco están de luto. La amistad también. Fallece un cabal. Lucen crespones negros en los postigos de toítas las peñas por las que ha dejao su imborrable huella. Andalucista hasta el túetano, hombre de convicciones firmes y leales, radical en la mejor acepción de la palabra, estuvo ligado al compromiso ético que antepone los principios hasta el último suspiro. Luchador incansable por los derechos, tenía hirviendo en los altillos de su sesera un vivero de ideas. Y con reaños le echabas los avíos para que salieran adelante. ¡Cuántas se habrán quedao en pañales!

Fuiste la cara amable, la sonrisa que muchos algo más jóvenes vimos sobre el entarimao de la Peña Flamenca Torres Macarena departiendo tus presentaciones con un piquito de oro. Y mu flamenco. Defensor de la crítica, arrimao a los jóvenes, justo con los veteranos… Aficionao empedernío, trabajador infatigable, celestino, creador de peñas y entidades flamencas, de esta o de aquella manera. ¿Que no hay una sede? Pues en una barraca y la llevamos a la calle. Aquí hay un grupo de personas sensibles y ese barrio está huérfano de rincones para el pellizco. Allí que propiciaba él que se diera el duende para congregar a un puñao de nuevos y viejos apasionaos de este dulce veneno que hemos compartío hasta tu partida.

Ni la puñetera enfermedad te postró en la cama y, a rastras, de la mano de tu inseparable mujer y amada Ana, que le ponía los ojos con su cámara a tus palabras contando la majestuosidad del arte, ibas a La Bambera, a Aires Flamencos, a El Carbonerillo o a Torres Macerena, por citar algunas en las que más disfrutábamos de tu presencia, para restregarte por el pecho los últimos zamarreones de jondura para alivio del alma.

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